23.8.11


Las ciudades tienen ese tipo de soledad que hace que una persona sola camine por las calles solas esperando ser hallada por alguien mientras sobre la avenida los coches corren a encontrarse con los colectivos y los colectivos solo dios sabe qué destino fatal de barrio desolado deparan a los que consumen en el centro barritas de chocolate, tortas a las 22:00, sándwich de miga para los gay que comen tomaditos de la mano como si para ser gay fuese necesario comer sándwich de miga tomados de la mano en el kiosco sobre la avenida. El amor no es gay ni exhibicionista. Es amor.

La memoria no desaparece, afiche con dibujos del gordo Mattalia, Raúl Gómez Gobernador (y Juan Pérez?), De Rusia show sobre hielo. Los delivery son peste. Los edificios Aconcagua ya no producen nada ni tienen efecto de montaña porque desde lo alto ya nadie dice nada. Liquidación of shore, tomar café con rosquillas es fashion, y mientras tanto la avenida va. Siempre adelante, mientras a los costados la esperanza paga el parquímetro. (¿Es éste el mismo planeta?). El taxi ya no te lleva, está ocupado. Y los linyeras siguen siendo el saldo inevitable, el grito aislado, la locura de lo inadvertido.



Córdoba 04/2007




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