23.11.12



De "Reencuentro en la Llanura"



II

Una tarde hallé tu voz de zamba amanecida;
Yo andaba en una luz temprana
De cuerdas y asombros emplumados
Buscando a tientas el sur de estos mismos sueños,
Con mi memoria a la mitad
Y todo un pueblo en viaje hacia el futuro.

Pensaba en mi tierra,
Desgranaba el campo en mi mirada
Hasta alcanzar el verde, los árboles solos,
El espacio abierto en tajos por sobre los molinos,
Las golondrinas celebrando su regreso,
Y el cereal creciéndome en la sangre.

Entonces no lo sabía, no había llegado a sospechar
Este idioma tan lejano y tan pariente
Que me volvió a la canción
Con un ademán de oficio sacralizado,
Y por cada vez que una paloma
Me alcanza tu nutriente celestial,
El cielo me siembra raíces en esta ceremonia
De andar con tu luz y con tu sombra
Buscándome las manos, dibujando mis pájaros inexactos
Y mis semejanzas.






Ocurre también que un 11 de octubre,
Uno de esos de esos días en que recobramos
Nuestra conciencia más audaz, y somos capaces
De alzar la voz en un mismo grito que esté de acuerdo
Con nuestra simiente y nuestra luz,
Y este rastro asesinado que nos viene siguiendo de cerca
Para expropiarnos la sangre; uno de esos días digo,
Salí a buscarte en el plumaje oscuro del zorzal,
En las arenas de la playa que nos besó el abrazo y el viento
Con que después deberíamos anunciarnos al futuro;
Empujar la pesada puerta del desencuentro,
Repatriarnos la memoria cada día y cada mes,
Desterrarnos la voz y la mirada para volver a nacerlas,
Y salir a la dimensión paralela en la que, ni el camino
Ni todos los genocidios que están y que vemos,
Podrían someter al escarnio porque en el otro reloj,
El que desanda las sombras junto a nosotros,
Se encuentran los veranos del poleo y la alfalfa,
Que todavía nos quedan pendientes.

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