24.3.16

Rastros del grito


Rastros del grito
04 de julio de 2013

            I

Mirar hacia adentro,
Y encontrar al Armando que supo nacernos
A la sangre, armados hasta los dientes
De sílabas y magnolias, de insolencia y rebeldía
Para cortar el gris de una dentellada seca;
Para definir al uniforme como a la guerra,
Con la misma piel muerta desde el día anterior
Sin pan ni sol, sin boca y sin regresos;
Armados hasta el horizonte
Con todo el viento en los puños, y enarbolarlo
Por sobre las injusticias, y que se sepan;
Que ni una sola mujer ni un solo hombre
Vuelvan a caer mordiendo la luz,
Y que este continente siga el grito
Hasta parir la otra América;
La que marcha con el riesgo de vivir
Con su memoria a medio blanco, con su alarido
Siempre por nacer hasta girar las veletas,
Y que el sol borre las sombras por el sur
Hasta el límite consciente del ángel de la inocencia,
Y el futuro guarde nuestro nombre
Por cada vez que digamos ¡Basta!,
O nombremos la Paz y el Pan
Con el abrazo, o solo con la mirada.


                        II
A propósito de Obama en Argentina
24/03/2016

Y es que en un solo punto
hemos estado de acuerdo siempre, más allá
de vanaglorias o imbecilidades,
propias de quienes construimos
esta forma de ser inconscientes;
deleznables seres de una luz mortecina,
caminando entre grillos y desagües,
hasta la cornisa siempre y el suicidio
a contramano de la comparsa.
Porque nacimos al carnaval, con una flor
apretada entre los dientes y el retrato de Gardel
mirando lejos, siempre allá, la sonrisa afuera.
Entonces crecimos imbéciles, criamos imbéciles,
elegimos imbéciles, salvaguardamos imbéciles,
aplaudimos imbéciles, y esperamos milagros
sin percibirnos imbéciles.
Aguardamos engañados a la vuelta de la esquina
el vuelto en monedas de nuestra propia imbecilidad,
y por supuesto, nos estafan sin que sepamos
por qué tanta desidia, tanto elogio barato,
tanta reverencia en su propio idioma,
tanto inglés fosilizado contra el paladar
en un rancio “Mister” impostado y sangriento.
Es que como buenos imbéciles,
hemos estado siempre de acuerdo
en las mismas imbecilidades sin cuidar del vecino,
de los geranios de enfrente, del anciano solo,
del niño, del hambriento, del abrazo,
de los sueños rotos, del desaparecido,
del camino siempre andando al revés del país,
y esta memoria que nos recuerda
que seguiremos estando en desacuerdo entre nosotros,
imbéciles de una misma tierra, un mismo lenguaje
y una misma mirada, intentando dejar de lado
nuestra imbecilidad más miserable,
sin imbéciles que vengan a adoctrinarnos.


 Miguel Hernández
Cosquín - Córdoba






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