"Otro Cantar" 



Lisandro Aristimuño, uno de los artistas invitados
Fotografía Gentileza Eduardo Fisicaro



       A poco de sus presentaciones en el CAFF (Club Atlético Fernández Fierro) en Capital Federal, el diálogo con la artista surge natural, distendido y se expande siempre reflexivo y certero.


      Callecitas empedradas, canteros florecidos, paraísos, jacarandaes, tardecitas y noches muy activas. El barrio del Abasto se impone por características propias. Mucho joven en peñas circundantes, cigarrillo, cerveza, música y una suerte de jolgorio sano del fin de semana. Es primavera recientemente florecida, y en buenos aires eso se palpa fácilmente. Hay un renuevo extraño flotando en el aire mezcla de gran ciudad y barrio con esperanzas de no perder la cuadra amiga, el gato en el tapial, la penumbra arbolada que supone un aroma a flores todo el tiempo, en cualquier momento.

     Más allá se oye un bullicio distante. A mayor verdad, música de fondo y charlas, risotadas, cada vez más cerca, hasta dar con un bostezo de portón de chapa, luces de colores, y al final de un ancho pasillo, una boletería. Esto es el Club Fernández Fierro. Sitio mágicamente musical a pocas cuadras de Avenida Corrientes. Un trozo de barrio urbano, recortado entre farolitos de colores, telas media sombra para no ver, y no tanto, el show gratis a través de una abertura amplia en el costado. Noción de cierta trampa futbolera o de vecinos asomados para al menos oír, cuando no se puede pagar la entrada. Aquí se presenta el nuevo disco de Teresa Parodi, Otro Cantar, que haciendo honor a su nombre, se ha escapado del protocolo de las salas de teatro o el lleno de un estadio, para encontrar el abrazo afectuoso, el saludo entrañable de los amigos compartiendo el  vino y algunas empanadas. 

      Y si de amigos se trata, a Teresa no le falta la presencia de algunos de los suyos, entre otros, Vitillo Ábalos, Marian Farías Gómez, Mónica Abraham, y la Bruja Salguero. Tal vez sea este mismo “el otro cantar” que nos hace tanta falta, sin tanto artilugio escénico para recalcar una vez más, que el músico popular debiera guardar la impronta de su identidad. La misma que le permitió alcanzar una estrella más de las que todos alcanzamos normalmente. Así comienza esta mágica noche de recuperar la noción de disco en nada más y nada menos que un club de barrio, el espacio donde tal vez sea más real la posibilidad de devolverle al hombre de pueblo su noción de ser, la música de su región distante.

(Ver Nota Completa en Obra Periodística)



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