FEDERICO

Este silencio puede nombrarte
Aliviado, caminando sonriente y curioso.
Te adivino sabio deduciendo recortes,
Detalles de tu paso junto al río,
Tu memoria de antiguas filosofías
Aprendiendo cada rincón de esta magia;
Cada lluvia en tus ojos, cada sueño inocente
Hilvanando siestas y chicharras

No sé por qué extraña luz
Se me recorta tu adolescencia de pueblo,
y te presiento ocupado en esos menesteres
de revisar y recordar la vida

Ahora te debo un poema
Y unas cuantas sonrisas apretadas
Sobre el costado más paterno de tus distancias;
Ahora te debo una fantasía
Y algunos versos al estoque del abuelo
Seguramente apuñalando
Algunas memorias reales, y otras
Puestas a hervir en el caldero
De los que buscan sin encontrar,
Y cuando encuentran, no hallan

Tal vez te deba otra serenata,
La primera y la segunda ya acontecieron.
Pero esta vez, habré de cantar tan alto
Que puedas escuchar este grito, estas ansias
De pertenecer a los pájaros que van y que vuelven,
Que se asoman nube tras nube,
Viento sobre viento, nombrándote: Federico!
Necesito un traje de golondrina para ahora mismo!
Para apropiarme de tu azotea y tus jardines,
Y así seguir cantándole a quien me vistió de hijo
Desde la ternura, y supo devolverme esta afición
De horizonte siempre, de canción adelante,
Hasta el poema germinal de la sangre.

Agosto 15 de 2013


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